COP 25 (Diciembre
2019)
En diciembre
de 2015 tuvo lugar en París la 21 Conferencia de las Partes (COP21). La
comunidad internacional alcanzó un acuerdo universal (Acuerdo de París) para
reforzar la respuesta mundial frente a la amenaza del cambio climático. Para
ello, se acordó “mantener el aumento de la temperatura media mundial a final de
siglo muy por debajo de 2ºC con respecto a los niveles preindustriales”.
Además, como muestra de ambición, el Acuerdo señaló que se harán esfuerzos para
limitar el calentamiento a 1,5ºC. Este Acuerdo se ha considerado como
“histórico”, ya que logró el respaldo de los 196 países participantes. El
Acuerdo de París es “neutro” desde el punto de vista tecnológico, por lo que no
existe ninguna restricción ni limitación para que los distintos países puedan
utilizar en sus mix de generación la
tecnología que consideren adecuada.
LA
CONFERENCIA DE LAS PARTES COP25
Entre los
días 2 y 15 del pasado mes de diciembre, tuvo lugar en Madrid -con el lema
#TiempoDeActuar y bajo la presidencia del gobierno de Chile- la 25ª reunión de
la Conferencia de las Partes de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP25),
en la que representantes oficiales de 200 países del mundo, discutieron las
medidas de acción climática que es necesario impulsar, ante el creciente
convencimiento de la necesidad de actuar con urgencia, frente al grave problema
del cambio climático. A pesar del éxito logístico y de organización -participaron
unas 25.000 personas- la COP25 quedó convertida en una Conferencia de
transición hacia la COP26,
debido a los limitados acuerdos que pudieron alcanzarse. El documento final pide a las Partes que aumenten su
ambición climática en materia de reducción de emisiones en el año 2020, de acuerdo
con la recomendación científica de limitar el crecimiento de la temperatura
global a 1,5º. Pero no precisa en qué consiste esta “ambición”, ni insta a que
se traduzca en números u objetivos concretos y localizados. Las líneas maestras
de este documento han sido:
·
Mayor
ambición. El acuerdo pide un aumento de la ambición de los compromisos de lucha
contra el Cambio Climático siguiendo el calendario marcado en el Acuerdo de París.
Sienta las bases para que en 2020 los países presenten compromisos de reducción
de emisiones (NDC, por sus siglas en inglés) más ambiciosos. Cerca de 70 países
están ya comprometidos a elevar sus ambiciones de reducción de emisiones en el
año 2020, pero solo son responsables del 8% de emisiones.
·
Papel de la
ciencia. Se reconoce que las políticas climáticas deben ser permanentemente
actualizadas en base a los avances de la ciencia, y constata el papel del Panel
Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas.
·
Transversalidad.
Se confirma que la lucha contra el cambio climático es una cuestión transversal
que afecta a ámbitos como las finanzas, la ciencia, la industria, la energía,
el transporte, los bosques o la agricultura, entre otros. Ministros de todos los ámbitos y
numerosos países han mostrado en la COP25 que asumen la agenda climática como
propia.
· Género. Se acordó un nuevo Plan de Acción de Género para impulsar la participación de las mujeres en la negociación internacional del clima. Se desarrollarán medidas que permitan dar respuesta al desigual efecto del cambio climático en mujeres y niñas, y promover su papel como agentes del cambio hacia un mundo libre de emisiones.
·
Financiación
de pérdidas y daños. El acuerdo contempla dar directrices al Fondo Verde del
Clima para que, por primera vez, destine recursos frente a las pérdidas y daños
que sufren los países más vulnerables a los fenómenos climáticos extremos. Esta
era una de las cuestiones más solicitadas por los pequeños estados insulares
que padecen de manera más directa estos efectos. Además, nace la "Red de
Santiago" que permitirá catalizar asistencia técnica de organizaciones y
expertos a estos países vulnerables.
·
Multilateralismo.
Es una reafirmación del valor del multilateralismo y de la cooperación
internacional para resolver un desafío global como el cambio climático. Aún en
contextos globales complejos, la COP25 no ha dejado caer la agenda climática en
un momento fundamental para la implementación del Acuerdo de París. Al
contrario, ha hecho exhibición de un “multilateralismo activista”.
·
Sociedad
y Transición justa. Se reconoce el importante protagonismo de la dimensión
social en la COP25 y que las personas deben estar en el centro de la respuesta
a la crisis climática. La transición hacia un mundo libre de emisiones debe ser
justa, además de impulsar la creación de empleo digno y de calidad.
·
Nuevo
Ciclo Los negociadores reconocen la importancia de los actores no
gubernamentales en la acción climática, especialmente sub-nations, ciudades y empresas,
y les invita a incrementar su acción. Las COP ya no son foros sólo para fijar
reglas, sino que se abre un nuevo ciclo basado en que todos los participantes
hagan más y más rápido.
En el lado
negativo, hay que señalar que el texto es ambiguo a la hora de apelar al
esfuerzo de los países para presentar planes de reducción de sus emisiones más
ambiciosos en el próximo año. Junto a esta falta de ambición los Mercados de
carbono y las pérdidas y daños causados por el cambio climático son otros puntos
débiles de esta COP25. En efecto, la creación de un mercado mundial de carbono
era el último fleco que quedaba de París. Y esto no se ha podido resolver en
Madrid. Se trata de un mecanismo basado en la compra y venta de emisiones de
gases de efecto invernadero. La gran discusión sobre este sistema -que sí
funciona en el ámbito de la UE- ha girado en torno al riesgo de que se genere
una doble contabilidad, por lo que finalmente se ha optado por dejarlo
pendiente para la próxima COP26. En cuanto a las pérdidas y daños causados por
el cambio climático se estableció la Red de Santiago para liderar más trabajo con
el objetivo de poder minimizar, evitar y recuperarse de pérdidas y daños (“Loss and Damages”). Sin embargo,
el texto final no es mejor que la versión anterior y el organismo que deberá
gestionar estos desastres naturales sigue en discusión.
CONCLUSIONES
António Guterres, secretario general de la ONU, se mostró
"decepcionado" con los resultados de la COP25. La comunidad
internacional perdió una oportunidad importante para mostrar una mayor ambición
en mitigación, adaptación y financiación para abordar la crisis climática. En
cualquier caso, afirmó que está "más decidido que nunca" a trabajar
para que 2020 sea el año en que todos los países se comprometan a hacer lo que
la ciencia dice que es necesario para alcanzar la neutralidad de carbono en
2050, y limitar el aumento de temperatura a no más de 1,5º.
Hay que
destacar que el texto final sí que ha servido como ultimátum para los estados,
a sabiendas de que en el año 2020 han de presentar sus planes de reducción de
emisiones (NDC). Si bien es cierto que los niveles ambiciosos del texto no
están a la altura de la situación de crisis climática y las cada vez más
exigencias de la ciudadanía, el artículo sobre la ambición debe ser
interpretado como un éxito, ya que llama a los gobiernos a presentar durante 2020
planes más ambiciosos y concretos de reducción de emisiones. Como muestra de
ello, 103 países se han comprometido a presentar planes de reducción, si bien la
interpretación del artículo de ambición que hagan China, India o Rusia, además
de ver si se confirma la salida de EE.UU. del acuerdo de París, será
determinante.
Se ha
determinado que la acción en la lucha climática debe estar avalada por la
ciencia y por los informes del IPCC. Ha sido un éxito de la agenda multilateral,
sabiendo que hay grandes países dispuestos a acelerar la agenda climática. Y
por último, se ha constatado una demanda muy fuerte por parte de la sociedad en
la exigencia de cambios, lo que debe actuar como palanca para agilizar la toma
de medidas a cargo de las partes, ya que cuentan con la opinión pública a su
favor. Debemos continuar trabajando para que en la COP26 se alcance un mayor
compromiso y medidas efectivas por parte de todos los países participantes.